|
Todos los integrantes del curso de Derecho
Constitucional Profundizado nos habamos habituado a sus preguntas
sesudas y punzantes, que musitaba despacio clase tras clase. Atrincherado
en algn banco de las primeras filas, Carlos tomaba nota religiosamente
de todos los conceptos que verta el profesor, sin cansarse y
aplicadamente. Recuerdo ahora su cordialidad y cortesa para con todos
los compaeros del curso, virtudes con las que se gan el afecto de
todos.
Lleg el da del final y observ en l un
brillo particular, una excitacin adolescente que trataba de dominar.
Estaba muy nervioso y la mesa vena mal porque era bastante exigente.
Cuando lo llamaron por su nombre, se sac la gorra y en capilla empez a
repasar las bolillas como un promesante que reza abandonado en Dios.
Su xamen dur alrededor de veinte
interminables minutos, tiempo en el que habl lentamente, con se hablar
pausado tan carcterstico de l, tratando de dominar sus emociones. La
cara glida e imperturbable de los examinadores nos tena en expectativa
a todos.
"Esta muy bien, puede retirarse"
dijo al fin el adjunto. Entonces Carlos, Don Carlos R., de 73 aos de
edad, se dio vuelta con la cara desencajada de emocin y nos grit:
"Me recib" como en un grito de gol.
Confieso emocionado que en mi vida de
estudiante pocas veces escuch una ovacin tan prolongada y sentida.
Afuera lo esperaban su mujer, sus hijos y nueras y un ramillete de nietos
que haban copado el ingreso al aula donde tomaban examen. Don Carlos se
abraz con ellos y nosotros. Con su enorme dignidad nos dio una enorme
leccin de sas que no estn contenidas en los libros de estudio pero
que son esenciales para la profesin y mejor, para la vida.
|