HISTORIA 11 EN SURUNDI

     Los abogados surundianos han incorporado para los tiempos que corren el telfono celular, sa chicharra insolente que no conoce de cortesas, ni intimidad ni oportunidades. Es frecuente que en el transcurso de una audiencia de conciliacin donde las partes vociferan a los gritos, suene el celular del apoderado de la actora. En se instante, la cara de asesino a sueldo y cimitarra entre los dientes del profesional se transfigure en una expresin beatfica de monaguillo parroquial. "Cmo te va, Vasquito, tanto tiempo...!" Ante la azorada mirada del Juez, la privada y el resto de los presentes, nuestro abogado comenzar a darle parte de su nmero de hijos, la profesin ("y.. va tirando"), la salud del To Cacho y la promesa de un asadito para conocer a la tercera esposa de su interlocutor el fin de semana. Despus de cortar, como si nada y sin pedido de disculpas, el letrado recuperar su vozarrn de general y enarbolando las manos como Tyson dir que en sas condiciones pedir se fije fecha de remate y le cobrar hasta el ltimo centavo.

     No hay nada ms ridculo que cuando un celular suena en el interior de un ascensor de Tribunales y ste va cargado hasta el tutano. Con cada bip los colegas se retuercen como vctimas de un ataque al hgado y mientras maldicen al aparatito, al ascensorista y a su mismsima madre se empujan, contorsionan y chocan para dar con el telfono que sigue sonando. Nadie sabe qu celular est sonando y para evitar tales confusiones, algunos letrados de dudoso gusto usan por timbre identificatorio "Quizs, Quizs, Quizs", "La copa de la Vida" de Ricky Martin o el "Himno a la Alegra". Tipicamente surundiano, ello le da un toque musical a las recorridas tribunalicias.

     Algunas colegas del mundillo jurdico de Surundi antes de comenzar la recorrida se atavian con vestimentas de seda como para ir a matar, porque pertenecen a la etnia "dunga" de inmemorial extraccin guerrera. Dentro de esta exclusiva casta, muchas se visten con tnicas nfimas, escotadas y translcidas an en pocas de sensacin trmica 3 bajo cero, lo que les vale el unnime reconocimiento de sus colegas del sexo masculino, especialmente si les toca ubicarse detrs suyo en la cola del Juzgado. Es notable como estadsticamente estas muchachas consiguen obtener una audiencia privada en el juzgado en el cien por ciento de los casos y sin demora. Su efectividad es sorprendente.

     Otras colegas y/o procuradoras de Surundi prefieren untarse ntegramente el cuerpo con perfumes de esencias en un extrao rito animista que tiene la particularidad de "abombar" a los que atienden en Mesa de Entradas. Con ello provocan el efecto de ser atendidas antes que el resto de presentes y que les respondan inmediatamente a la catarata de preguntas sobre su expediente. Como no hay antdoto posible, es el nico medio ms o menos efectivo para que ellas abandonen el Tribunal antes de ahogar a todos los presentes.

      En Surundi ciertos abogados comercialistas no se baan con frecuencia. As, toman desprevenidos a los de la Mesa de Entradas y mientras van pidiendo las pilas de expedientes de Bancos y Crculo de Inversores Surundans -lo que asegura un promedio de 45 minutos de presencia en el lugar-, el hedor axilar que despiden va impregnando las canastillas de oficios, el listado de cdulas y hasta el libro de notas del Juzgado como en una novela de Garca Mrquez. Se produce entonces el efecto conocido como "pnicus procuratoris", donde los incautos que se encuentran ocupando el resto de los lugares en la Mesa salen corriendo del Tribunal para hacerse abluciones o buscar un poco de aire fresco. De su lado, en el mbito judicial tambin muchos funcionarios de se fuero han adherido al culto rastafari -religin caribea que les prohbe baarse-. Amparndose en motivaciones de orden religioso y vedando toda posibilidad de discusin, de esta sencilla manera consiguen que los letrados no vayan a verlos jams preguntando por los expedientes a su cargo.