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La Sra. Mara C
lleg al estudio recomendada por el titular. Haba que iniciar un desalojo por falta de
pago. Su inquilina, que al momento de firmar el contrato haba manifestado pertenecer a
una familia patricia de la provincia de Corrientes y vesta tapado de visn (todo lo
cual impresion gratamente a la duea), haba sido denunciada por el Consorcio por
practicar la prostitucin. Un aviso publicado en el rubro 59 con el nmero telefnico
de su casa fue la gota que derram el vaso.
Llevaba varios meses sin pagar el alquiler y encima el portero
del edificio haba informado a la duea que en su departamento pasaban todo tipo de
cosas raras. Durante todo el tiempo que dur el proceso, la cliente se mostraba muy
devota y se apareca por el estudio regalando estampitas del Sagrado Corazn de Jess y
luciendo distintos rosarios distribudos estratgicamente por todo el cuello. Como una
versin moderna de la Vernica, sus conversaciones tenan siempre algn desvaro
mstico. Si preguntaba como iba el expediente y yo le deca que haba que esperar me
responda : "que Dios nos ampare". Tambin exclamaba frases del
tipo "Virgen Santa" cuando le deca que no estaba provedo nuestro
ltimo escrito o "Dios quiera que se vaya pronto".
En una ocasin inici una novena a Teresita para que su
inquilina quedara notificada de la sentencia... El juicio -vaya novedad-, fue un verdadero
calvario, ya que la demandada tena unos cuantos abogados de clientes y saba de
chicanas y plazos procesales, pero el da del lanzamiento lleg. Antes de irse, la
correntina habl por telfono con la cliente y le espet una maldicin que puso a
Mara C. al borde del colapso. Nos encontramos en la fecha de la diligencia y percib
que en lugar de entusiasmarse estaba visiblemente perturbada.
El departamento, como ocurre usualmente, se encontraba sucio y
destrudo. Mientras el oficial de justicia haca la inspeccin de rutina, Mara C.
empez a gemir y convulsionarse como las mujeres del sepulcro. Cerr los ojos y juntando
coraje abri su cartera y sac una botella descartable. Luego comenz a rociar
furiosamente cada una de las paredes del lugar. Supe despus que se trataba de agua
bendita trada de San Nicols.
Con los ojos exorbitados me dijo con vos firme:
"doctorcito,
rece conmigo para sacar al demonio que estuvo ac dentro". Un poco por caridad
cristiana y otro poco por el miedo que me inspiraba esa mirada a lo Juana de Arco en medio
de las llamas, me acomod la corbata y comenc a repetir con devocin aves Maras,
psames y antfonas en latn. Despus de unos minutos comenc a impacientarme, pero
la cliente no iba a firmar que reciba la tenencia hasta terminar. Cuando todo acab se
persign con devocin y me agradeci por haberla asistido. Ya pasaron ms de dos
aos.
A la distancia pienso en lo extrao que fue todo, pero en honor
a la verdad debo decir que Mara C., como era de preveerse, pag religiosamente...
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